El tiroteo escolar ocurrido en Monterrey en 2017 sigue siendo un referente doloroso en la memoria colectiva. Sin embargo, para Luis Fernando Ramírez González, sobreviviente de aquel ataque, el tiempo ha permitido resignificar lo vivido. Hoy, convertido en cineasta, trabaja en una película que se enfoca en la resiliencia y en el proceso de reconstrucción posterior, más que en el hecho violento que marcó su adolescencia.
Una Tragedia Que No Define Una Vida Completa
El 18 de enero de 2017, un ataque armado dentro del Colegio Americano del Noreste dejó una maestra sin vida, varios estudiantes heridos y al agresor fallecido. Luis Fernando tenía entonces 14 años y cursaba tercero de secundaria. A raíz del tiroteo escolar, su vida cambió de manera abrupta.
Las secuelas físicas limitaron su movilidad y lo obligaron a iniciar un proceso de rehabilitación que aún continúa. Sin embargo, los efectos no se redujeron al ámbito médico. El impacto emocional fue profundo y exigió ajustes constantes tanto para él como para su familia.
Con el paso del tiempo, el acompañamiento cercano se volvió determinante. La presencia constante de familiares, amistades y personal médico evitó que el aislamiento se impusiera. Ese entorno permitió que el proceso de recuperación avanzara, aunque no de forma lineal.
Lejos de abandonar la escuela, Luis Fernando continuó asistiendo a clases. En algunos periodos lo hizo en silla de ruedas y con apoyo de una enfermera. Mantener esa rutina fue una decisión clave que influyó directamente en su desarrollo posterior.

El Cine Como Herramienta Para Contar El Después
Años más tarde, Luis Fernando Ramírez concluyó sus estudios universitarios y se tituló como licenciado en Producción Cinematográfica Digital. Convertirse en cineasta representó una meta alcanzada tras un proceso largo y exigente, marcado por la constancia.
Ese logro dio paso a un nuevo proyecto personal. Actualmente trabaja en el guion de una película titulada Segundas primeras veces. La historia no busca recrear el tiroteo escolar, ni mostrar la violencia ocurrida en el Colegio Americano. Su enfoque está en el proceso posterior, en cómo se reconstruye una vida tras una experiencia límite.
El objetivo del proyecto es mostrar la fuerza que surge del acompañamiento. La familia, los médicos y las amistades aparecen como ejes centrales de una narrativa que apuesta por la resiliencia, sin recurrir al morbo ni a la repetición del trauma.
Para Luis Fernando, contar esta historia tiene un sentido claro. Considera que el suceso violento ya ha sido abordado desde distintos espacios. Su interés está en mostrar que, incluso después de estar al borde de la muerte, es posible avanzar y construir nuevos caminos.
Resiliencia Compartida Más Allá De La Pantalla
Además de su trabajo en el cine, Luis Fernando participa en pláticas motivacionales donde comparte su experiencia. No se presenta como conferencista profesional, pero reconoce el valor de que su historia pueda servir a otras personas que atraviesan procesos difíciles.
También ha explorado la pintura como una forma alternativa de expresión. Parte de su obra fue exhibida en el Museo MARCO, donde canalizó emociones surgidas durante su rehabilitación y reflexión personal.
Para él, la resiliencia no es un concepto abstracto. Se trata de una práctica diaria que implica insistir, adaptarse y mantener redes de apoyo activas. Esa idea atraviesa tanto su vida cotidiana como su proyecto cinematográfico.
Aunque sueña con llegar algún día a los premios Óscar, mantiene un enfoque realista. Su prioridad inmediata es concluir el guion, encontrar oportunidades laborales y seguir desarrollándose dentro del ámbito audiovisual.
El tiroteo escolar forma parte de su historia, pero no la define por completo. Hoy, su apuesta está en mirar hacia adelante y compartir un mensaje que privilegia la reconstrucción personal y colectiva.









